Comprenderán ustedes que, enfrascado como está este Arquero en su combate contra la Neolengua, la entrevista de ayer a Mariano Rajoy deja muchas perlas capaces de sonrojar a cualquiera. Como esa por la que, según el presidente, se lleva hablando de la última reforma laboral nada menos que 30 años. Hasta 1982 se nos fue el gallego. No sé yo, pero si le hubieran preguntado a Naranjito seguro que no habría tenido tamaña capacidad de nigromancia.
Pero como no es bueno hacer leña del árbol caído y lapsus tontos los tenemos a diario, dejen que me centre en su broche de oro. Ese por el que se manifestaría contra un presidente que hubiera subido los impuestos por motivos ideológicos y no como él, dice, que lo ha hecho porque la cosa se le iba de las manos por 30.000 eurillos de agujero que nadie le dijo que había.
Y mire, Rajoy, Mariano, amigo, presidente o como quiera que le llame. Su subida de impuestos está cargada de ideología. Primero, porque se acompaña de un indulto fiscal a los grandes defraudadores. Segundo, porque llega de la mano de recortes en la función pública. Tercero, porque va al ritmo de eso que ustedes llaman flexibilidad laboral y en realidad es abaratamiento hasta el gratis total del despido improcedente. Eso no es estar hasta el cuello, eso es ideología. Así que no me tergiverse, que no se lo compro.
