24/10/12
Ni reparto ni fraude, otra cosa

Ya sabía yo que bajo este seudónimo de Arquero Público llegaría el día feliz en que pudiera hablarles de Arquero en el sentido de arcas, de recaudación, de impuestos. De la única mafia legal y no siempre legítima que nos recuerda nuestra condición de súbditos, de acreedores o de benefactores, pero rara vez de ciudadanos.

Arquero Público

Dice el último sondeo del CIS que para 9 de cada 10 españoles los impuestos no se reparten de forma equitativa; y apunta tres datos más acerca de la impunidad fiscal, es decir, el fraude.

Pero el problema no es el reparto o el fraude, señores míos. El problema es que los primeros defraudadores son, en este país y en este tiempo, han sido y seguirán siendo, los mismos encargados de repartir lo que entra en la caja. Por tanto no hay lucha contra el fraude, porque está institucionalmente aceptado como mal menor, y no es que no haya equidad en el reparto, es que queda poco que repartir después de la merienda que se dan a nuestra costa algunos honorables cargos; y, con ellos, sus primos, sobrinos, viudos, señoras y señores de, ex mujeres y ex maridos con poca vergüenza y mucha memoria, correveidiles, lameculos, soplagaitas de todo pelaje, meretrices del poder, estómagos agradecidos, mediócretas, niños bien de concejales de segunda y algún tonto del pueblo con licencia oficial y pase pernocta para chantajear, sobornar y asustar con el cuento de Pedro y el Lobo.

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